miércoles, 6 de mayo de 2009

Barcelona le empata al minuto 93 al Chelsea y jugará la final de la Liga de Campeones

9' 1-0 Michael Essien [Chelsea FC]

90' 1-1 Andrés Iniesta [FC Barcelona]

Londres (EFE).- El Barcelona estará en la final de Roma. Iniesta compró a su equipo un boleto para la Ciudad Eterna en el descuento -cuando los azulgranas jugaban con un hombre menos- y empató un partido (1-1) que estaba prácticamente perdido.

Hasta entonces, el Barcelona, maniatado por el juego físico del Chelsea, no había pateado ni una sola vez entre los tres palos de la portería defendida por Petr Cech.

Fue Iniesta, el hombre más peligroso de los azulgranas durante todo el partido, quien en el minuto 93 recogió un pase de Messi y lanzó un tremendo zapatazo que se colocó por la escuadra y resucitó a un equipo que ya estaba muerto.

Había mucha expectación por saber si el Chelsea se atrevería a repetir, ante su afición, el planteamiento ultradefensivo que exhibió en el Camp Nou. Y lo hizo.

Nada que reprocharle. Al Barza, si le juegas de tú a tú, te mata, y el Real Madrid pudo comprobarlo hace cuatro días en el Bernabéu. Hiddink pareció tomar buena nota de ello. Volvió a renunciar al balón y conminó a su equipo a vivir agazapado atrás en busca de alguna contra letal, un balón colgado al musculoso Drogba o un rechace en segunda jugada.

Y la primera que tuvo, la enchufó. Una obús de Essien desde la frontal, que enganchó de volea un balón rebotado, a los nueve minutos de juego, que se coló por la escuadra derecha de Valdés después de pegar en el travesaño (1-0).

El partido acababa de empezar y el conjunto inglés ya lo tenía justo donde quería: con el marcador a favor, el rival obligado a volcarse en ataque y un montón de espacios para sentenciar la eliminatoria a la contra.

Mientras, el Barza tocaba y tocaba, con constantes intercambios de posición de los tres de arriba -Messi, Iniesta y Eto’o- pero obsesionado en entrar por el centro y hasta la cocina con el balón controlado, un mal endémico del conjunto azulgrana que ya parecía olvidado.

La previsible táctica de los ‘blues’ tuvo su prolongación tras la reanudación. Los azulgranas pusieron más ritmo al partido, y el Chelsea aún más ímpetu en la interrupción constante del juego.

Con Henry lesionado, Eto’o desaparecido y Messi desactivado, el ataque azulgrana lo porfiaba todo a la inspiración de Iniesta, pero sus jugadas por banda izquierda casi siempre resultaban más bulliciosas que efectivas, y el Barza, con el punto de mira desviado, seguía amenazando a Cech solo con disparos lejanos.

El colegiado Tom Henning puso la puntilla al conjunto visitante al expulsar a Abidal por un piscinazo de Anelka a 25 minutos del final de partido. Ni siquiera entonces, el Chelsea tuvo reparos en dejar que su rival siguiera llevando la iniciativa del juego.

Henning aplicó la ley de la compensación al no señalar unas claras manos de Piqué dentro del área y dejó que el Barcelona siguiera vivo hasta el final.

Tan vivo, que en la última llegada, en la última aproximación a Cech, en el último empujón del partido, Iniesta dejó mudo Stamford Bridge con un golazo que hizo justicia y que mete al Barcelona en la final de la Copa de Europa. En Roma, espera el Mancheter United.

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